La soga.


The Hives – Try it again

mendigo

El Señor está con vosotros…

A las puertas de la iglesia, el Cipri contaba las pocas monedas que habían llegado a sus manos.

- Será la crisis… La gente ya no tiene ni unos míseros céntimos en el bolsillo. ¿Qué futuro nos espera?

Autónomo, filósofo y pensador. O como le definen algunos que le ven cada mañana de domingo sentado en su lugar habitual, “el mendigo que cada dos por tres se pone a dar gritos mientras el cura da misa”.

- Pero ellos no cambian su aspecto. Siguen vistiendo de traje, intentando aparentar más que el vecino de arriba. No sea que el barrio empiece a hablar mal de ellos. No se molestan en conocer a las personas que viven a su alrededor. El sombrero más grande, el vestido más bonito, la sonrisa más blanca. Todo para ocultar las miserias que guardan bien dentro.

Cipri siempre prefirió ir más de andar por casa. O más de andar por la calle, que sería lo correcto.

corbataPalabra del Señor…

Nadie sabe muy bien si llegó primero la bebida o la calle. En cualquier caso, ni su aspecto poco cuidado ni su perfume a alcohol de lata invitaban a acercarse y preguntar. Algo que a él dejó de preocuparle hace tiempo.

- Vienen aquí a aparentar y por un oído les entra y por otro les sale. Les da lo mismo que les lean la Biblia o que les canten una jota. Estoy seguro de que a la mayoría me los encontraré en el infierno antes o después.

Cuando el Evangelio termina y los fieles se sientan para escuchar la homilía, las palabras del sacerdote no son las únicas que se lanzan al aire.

- Van como perros, con la cuerda al cuello. Ellos la llaman corbata, pero es una correa. ¿Desde cuándo es cómodo ir con algo atado en la garganta? Viven como animales. Esperando las órdenes de su dueño y confiando en portarse bien para que les pongan la comida a fin de mes. Como esclavos cargando con la cadena de un sitio a otro, y perdiendo su vida en trabajar un día sí y otro también. Viven atados a una soga.

la-cortesia-y-un-buen-apreton-de-manos-pueden-abrirte-las-puertas-dreamstime.2007-05-24.4389781306Danos el pan nuestro de cada día…

Nadie sabe si tiene amigos, o familia, o alguien que se preocupe por saber si sigue vivo o ha caído muerto en algún rincón. En realidad, pocos conocen su nombre. Antes era “el Cipri”. Ahora es “el loco de la iglesia”.

- Empezamos a trabajar porque necesitábamos vivir. Ahora vivimos para trabajar. Diez, doce, catorce horas al día. Y todavía decimos que somos unos afortunados porque otros no pueden decir lo mismo. ¿Acaso es una suerte vivir sometidos a alguien que maneja nuestra correa? ¿Qué privilegio es el de estar entregando una vida a cambio del simple derecho de dormir bajo techo y comer cada día? ¿Quién decidió que eso no era lo mínimo que debía tener el humano por el simple hecho de ser hombre?

Desde hace un tiempo, Cipri se sumó a la moda de ponerse una cuerda alrededor del cuello.

horca-300x278Podéis ir en paz.

Y nadie entendía por qué vivía con una horca colgando eternamente bajo su cabeza. Cipri sí.

- Vosotros que tanto me miráis, también lleváis esta soga. La diferencia… es que la vuestra es de marca… Y que yo no estoy obligado a ponérmela.

Autónomo, filósofo y pensador. Pero un mal hombre de negocios. Otro día más llevándose apenas unos céntimos.

- Será la crisis…

Demos gracias a Dios.

Volver a “Relatos”

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s