La señorita M.

Febrero tiene algunas cosas malas. En primer lugar, el frío. ¿A quién le apetece estar danzando por la calle con la rasca que hace? Si todavía nevara, sería divertido, pero no…

Pero lo peor de todo es que aunque quisieras, tampoco puedes estar ahí fuera. Porque otro problema de Febrero es que los estudiantes tienen que pasar por ese tan temido ogro que es la época de exámenes. Eso de “este año voy a estudiar desde el primer día” quedó en el olvido hace tiempo. Como ocurre todos los inicios de curso.

Y ahí están los libros y apuntes, desperdigados sobre la mesa para que se vea que realmente hay esfuerzo y buenas intenciones. Que los ojos de la Señorita M se dediquen a observarlos ya es otra historia. Ella, de momento, pasa el tiempo echando un vistazo por la ventana porque ya está cansada de ver su mesa. Por cierto, la Señorita M es nuestra protagonista. No voy a decir su nombre por si acaso ella prefiere que no se sepa. He dicho M, no N, escuchen bien. Señorita M. M de “mañana madrugo para estudiar“, M de “más me vale aprobar este examen“, M de “María, vamos, que ya no queda nada“.

¿Hay algo menos apetecible que esto?

¿Hay algo menos apetecible que esto?

Los ratos frente a los folios son largos y aburridos. Por mucho que uno tenga la oportunidad de elegir lo que quiere ser de mayor, nadie ha dicho que esté por la labor de tener que aprenderse nada de memoria para tener que aprobar exámenes. Y la Señorita M no es una excepción.

Además, aunque aplicada, es despistada. Tiene fuerza de voluntad, pero a la mínima su imaginación sale volando de la habitación para acabar vaya usted a saber dónde. Cualquier folio inservible se convierte en una bola de nieve con sólo apretar una mano. Que para eso estamos en invierno y hace dos días teníamos la ciudad cubierta de blanco. O en una bola de billar el resto del año si lo pintamos de otro color. Un bolígrafo puede ser un dardo, y la corchera una diana. Sólo es cuestión de inventar.

Y así es difícil concentrarse, claro.

¡No hay quien se concentre con todo eso en la cabeza!

¡No hay quien se concentre con todo eso en la cabeza!

De verdad, sólo es mirar el correo, cinco minutos y me desconecto…

Todos justificamos ciertas acciones a nosotros mismos como si realmente fuésemos a creernos lo que estamos diciendo. Es un trámite que hay que cumplir para no irnos a la cama sabiendo que no hemos sido capaces de hacer lo que debíamos. Para no decepcionarnos, aunque nos conozcamos perfectamente.

Pero esta vez sí, la Señorita M entró a mirar el correo. Y mire usted por dónde, se encontró una sorpresa en forma de cuento de princesas que la mantuvo pegada a la pantalla un buen rato haciéndole olvidar los apuntes, los estudios, los exámenes, el frío y todos los problemas del mes de Febrero. Pero no es un cuento cualquiera, sino un texto gracioso como aquellos que tanto le gusta escuchar en cualquier bar de monólogos en las noches de fin de semana… salvo cuando hay exámenes por medio.

Y al terminar de leerlo, corrió a agradecer a quien se lo ha hecho llegar el detalle de mandárselo.

Porque no todos los cuentos de princesas son iguales...

Porque no todos los cuentos de princesas son iguales...

Pero ya hemos dicho que la Señorita M es despistada. Y como tiene prisa porque debe volver a los estudios, leyó rápidamente quién ha sido el remitente y le escribió para decirle que le ha encantado el cuento. Y ya se sabe que como en los cuentos de princesa, aunque sean de humor, las cosas de palacio van despacio, y si se hacen rápido pueden salir mal.

Y aunque servidor se haya llevado el agradecimiento, no es él quien va mandando cuentos de princesas divertidos en época de exámenes. Pero a cambio, aprovechando esta curiosa equivocación, escribe historias sobre señoritas despistadas que leen correos con tanta prisa como la que llevan sus ganas de estudiar al sentarse frente a los apuntes.

ZIZU!! jajajaja, eres el mjor saca-sonrisas dl mundo!thanks

Pues no, probablemente no lo soy. En realidad estoy muy lejos de serlo. Pero seguiremos intentándolo mientras sea posible, Señorita M. Y hasta que ese momento llegue, que tardará bastante si es que le apetece darse una vuelta por estos lares, dé las gracias por el cuento a la persona correcta, que estará esperándolo. Servidor, en cualquier caso, se alegra con lo suyo aunque no sea de verdad. Espero poder merecérmelo algún día.

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