La ley del minuto.

Querido minuto:

Despreciable resultas a lo largo de la vida. Tus sesenta partes apenas dan tiempo a nada. Las palomitas como mínimo te necesitan a ti y mitad de otro como tú. Y eso si el microondas es decente. En cuanto quiero hacer algo, por cosa tonta que sea, pasan dos o tres como tú tranquilamente.

“Date prisa”. “Espera, un minuto”. Te nombran, te dan importancia. Todo es mentira. No sirves para nada. Ese “un minuto” esconde detrás de sus buenas intenciones un batallón de tus clones.

Gran venganza te cobras, maldito. Vuelves la espalda a la gente cuando más te necesitan. La mañana es tu reino. Tú decides si el tren llega en el momento justo o demasiado tarde. Tú decides si la carrera del pobre chaval al autobús sirve para algo. Tú decides cuándo el semáforo debe ponerse el verde. La puerta de clase se cierra cuando tú dices.

A veces te odio mucho.

Sé que el sentimiento es mutuo.

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