- Quiero decirte una cosa. – Dijo el señor tras levantar la mirada del plato.
- Pe… ¿Perdone? – Ella no podía salir de su asombro.
- Que ya que te has acercado a mí, quiero decirte una cosa.
- Pero yo sólo quería… Darle… – Las palabras salían torpemente de su boca.
- Sí, darme una moneda. Y yo te lo agradezco. ¿Pero puedo decírtela o no?
Tras un par de segundos, ella asintió con la cabeza.
- Tienes que sonreír más.
- ¿Cómo?
- Que tienes que sonreír más.
Ella dio dos pasos hacia atrás. Miró a un lado y a otro como si buscara la salida a aquella broma. Y antes de que pudiera reaccionar, aquel mendigo volvió a hablar.
- Te veo todos los días cuando entras a ese edificio para trabajar. Estás triste, como si no quisieras entrar allí. ¿No te gusta tu trabajo?
- Sí… Sí… Me gusta. ¿Por qué?
- Llevo semanas fijándome en ti. Llueva, haga sol, tengamos frío o calor, vienes con la misma cara todos los días. Como si te dejaras llevar en lugar de disfrutar lo que tienes. Y te marchas igual. Parece que el tiempo no se mueve en tu cabeza. ¿Sabes qué día es mañana?
- Pues… Es… Miércoles, creo… Sí, es miércoles.
- No. Mañana va a ser el primer día en que vas a acordarte de esta conversación mientras vienes a trabajar. Al llegar, me vas a ver aquí sentado como siempre. Y entonces recordarás lo que te he dicho. Y empezarás a sonreír. Piénsalo.
- Vale… Vale. Gracias. – Dijo ella antes de alejarse, preguntándose si la conversación era real o si estaba soñando despierta. Mientras se marchaba, escucho la misma voz que le llamaba desde lejos.
- ¡Oye, oye! ¡Y cada vez que te acuerdes de esto, mira a ver si guardas una moneda para mí, que así los dos seremos felices!
Y al oír eso, no le hizo falta esperar a mañana para empezar a sonreír.

Si es que la vida es demasiado corta para pasarla con caras largas…
Me ha gustado la entrada ^^ No sabía que tuvieras blog, voy a chismorreártelo un poco :O
Joder, muy guay. Es el primer texto que he leído en un blog sin cansarme. Me ha gustado mucho.