Cuento las estrellas con la mirada en el techo.
Pongo del revés lo que encuentro del derecho.
Escribo en el aire que viaja a tus oídos
pensamientos que regalo a quien quiera compartirlos.
No me importa el qué dirán ni bailar con la más fea.
Los jefes mandan qué hacer pero no dictan tus ideas.
Aflójate la corbata, pon los pies sobre la mesa,
y dedica sólo un rato a pensar con tu cabeza.
Que escuche el ciego, que habla el tuerto.
Os cuento lo que veo cada vez que sueño despierto.
Me pregunto quién decidió, por sus cojones,
que las balas tienen más razón que las razones.
Que la mentira se hace cierta si se impone por la fuerza.
Quisiera coger tantas cosas y poder darles la vuelta…
Que las flechas regresen cuanto antes a sus arcos,
que los conductores se empapen al salpicar en los charcos.
Los mendigos serán reyes cuando se arruinen los bancos
por jugar a millonarios con los ahorros de tantos.
Que vea el sordo, que esto es cierto.
Comprueba que es posible lo que hoy sueño despierto.
Abre la puerta, quita el pestillo,
que no te importe que alguien entre con vacío en los bolsillos.
Nadie pide visado al dinero de turismo
que siempre acaba alojado en las manos de los mismos.
Y canto y bailo, y río y juego,
sin pensar por un momento en lo que pueda ocurrirme luego.
No me asustan los monstruos que aparecen en mi cuento.
Escribo mis propias líneas, y si quiero, los reviento.
Y entre sueños y deseos cuento estrellas en mi techo,
imaginando que algún día lo imposible se convierta en hecho.
Cuando quieras paro el mundo y deshacemos el tiempo.
Todo cambia en un segundo. Apúntate a soñar despierto.

Como es habitual, no deja usted de sorprenderme Señor Izuzquiza! Molan sus textos! Un Abrazo
¡¡Simplemente me encanta!!
Es poesía pero no es empalagosa, es sencilla, muy crítica y directa pero a la vez es tierna, es… ¡genial!