Donavon Frankenreiter – All Around Us
Cualquier tarde de un mes de Octubre. La misma cafetería de toda la vida.
- Un cortado y un par de esas magdalenas.
- A ver… Un café con leche. Era… ¿con sacarina, no?
- ¡Sí! ¡Te sigues acordando!

No pudieron evitar que unas sonrisas se escaparan cuando la camarera se alejó para atender sus pedidos. Tantos años después, seguían conociéndose como si el tiempo no hubiera avanzado. En el fondo, no habían cambiado nada.
- Bueno, cuéntame, ¿cómo te va?
Problemas con los jefes. Líos en casa. Novios, novias, bodas, niños. La hipoteca haciendo de las suyas. Vacaciones con viaje cuando la cartera lo ha permitido. ¿Te acuerdas de los sueños que tenías cuando éramos más jóvenes? En mis ratos libres sigo escribiendo, ¿y tú? Decisiones difíciles, gente que ha quedado atrás y personas que han aparecido sin previo aviso para coger papeles protagonistas en mi historia. Y en la tuya. Dos medias vidas resumidas en dos medias horas y dos cafés.
- La verdad, desde que volvimos a hablar he estado preguntándome tantas cosas sobre ti…

Las mismas burlas y las mismas risas tontas de antaño. Menos pelo, más canas, alguna que otra arruga queriendo llamar la atención más de lo debido… Los años no perdonan y las preocupaciones pasan factura. ¿Que habrá sido de aquella chica, la recuerdas…? Miradas cómplices y esas bromas de veinteañero venidas desde el pasado. El reloj ha dado vuelta atrás sobre sus pasos. Todo parece igual que antes, aunque la música haya cambiado tanto en este tiempo.
Tras la vuelta al presente, dos besos y despedida. Volveremos a quedar, ¿verdad?
- Me alegro de que sigas siendo la misma de siempre.
- Yo también. Me ha gustado mucho verte.
La puerta de la calle se cierra y la camarera recoge todo lo que ha quedado sobre la mesa. Llegará un nuevo mantel, nuevos cafés y meriendas y llegarán nuevas viejas amistades que querrán recuperarse después de tanto tiempo. Historias interrumpidas por el ir y venir de unas vidas que, de vez en cuando, tienen puntos de encuentro inesperados.

Tras la despedida, el tiempo recupera su ritmo habitual. El que separó a dos personas que si son iguales que hace tantos años, no volverán a unirse más allá de un par de cafés y una charla en una tarde cualquiera de un mes de Octubre. Porque no sólo la música ha cambiado. Sus vidas, también. Por algo la amistad ha quedado atrás para no volver a ser lo mismo. Las bromas de veinteañeros ya no son más que recuerdos sacados a relucir.