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El color de las hadas.

Es curioso pensar que crecemos rodeados de cuentos, de historias que pretenden enseñarnos alguna lección cuando apenas levantamos un palmo del suelo. Y a esas edades no nos importa un pepino qué nos dice la moraleja. Sólo queremos saber si el malo se carga al bueno o si la historia acaba con todos felices y comiendo perdices.

A veces ni eso. Porque cuando nos leen un cuento, es para que durmamos y callemos.

Y pasas tu infancia feliz, con la única preocupación que es pensar cuál será el color de las hadas. Si es cierto que sueltan polvo mágico allá por dónde pasan, y en qué lugar del mundo se puede encontrar una de ellas para que nos haga aprobar los exámenes y así librarnos de estudiar.

Hasta el día en que descubres que, sencillamente… No existen.

Tiendo a pensar que hacerse mayor no es otra cosa que ir descubriendo todo aquello que no nos contaron de pequeños. Y como el mundo infantil no deja de ser un cuento en el que todo es maravilloso, el paso de los años hace que aparezca todo lo malo que nunca te contaron. Y golpe a golpe, te haces mayor. Así de fácil, y así de duro.

Y que los cuentos tienen razón, en parte, porque los ogros existen, Aunque no sean verdes ni gigantes. Sí es cierto que son capaces de asustar a cualquiera con tan sólo abrir la boca. Pocos rugen. Muchos ladran. Los más crueles se disfrazan de hada madrina, como un lobo con piel de cordero, esperando a darte una dentellada cuando te tienen dormido en su regazo.

Vista así, la vida, más que un cuento, es una pesadilla. Será porque llevo mucho tiempo durmiendo a deshoras.

Pero este niño que se hace mayor a base de golpes se está dando cuenta de que aunque las hadas no existan, no sólo hay ogros en este mundo. Hay gente que no vale un duro, personas que pasan sin pena ni gloria por tu vida, y otros que realmente demuestran que guardan algo en su interior, que aunque no sea mágico, bien merece ser cuidado. Y son capaces de regalarlo a cambio de nada. Una pequeña moraleja de este gran libro que se va escribiendo poco a poco.

Los cuentos, por desgracia, no siempre acaban bien. Pero cada historia debe ser leída y hay personajes que bien merecen una oportunidad. Porque quizá ellos sean capaces de cambiar el desenlace a mitad del relato. No son hadas… pero tienen poderes que nadie espera.

5 comentarios

  1. Bueno, lo primero, se agradece que vuelvas a dejarte caer por estos lares. Lo segundo, no se si he comprendido del todo el texto pero creo que tienes razón…

    Un saludo!

  2. El mundo de fantasía es necesario para un niño, que cuando crezca será creativo y aún tendrá fe en las causas perdidas. De no haber conocido Peter Pan, yo no seguiría pensando que puedo volar, aunque el paralelismo sea algo distinto a la mera carrera a Nunca Jamás.

    De todas formas, yo dormía por las noches con música, que no imponía las historias ni los finales, sino que los construía yo misma en los sueños, tal como sigo haciendo ahora a los 23 años ;)

  3. Tienes toda la razón. Para madurar hace falta darse cuenta de que no todo es bonito, de que hay momentos buenos y malos…y que los últimos nos ayudan a disfrutar los primeros. Hace falta darse cuenta y asumirlo, que hay muchas cosas que escapan a nuestro alcance y son como son, no como nos gustaría que fueran. La fantasía y la imaginación son muy buenas compañeras, pero no deben cegarnos.
    Te regalo una cita de Indira Gandhi: “La vida ha sido generosa conmigo: he vivido tantos momentos buenos como malos”.

  4. Y qué razón tiene Sr.Izuzquza…

  5. las hadas son morenas guerasetc solo que algunas son buenas y ortas no y alguna tienen alas y ortas solo tienen su magia y se acen pasar por jente normal

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