Preguntaba esta noche un compañero de la radio si es tan importante el hecho de que Los Angeles Lakers, y por extensión Pau Gasol, hayan conseguido llevare el título de campeones de la NBA. Y aquí va mi respuesta.
Hace muchos, muchos años que se le quedó pequeño Sant Boi, su localidad natal. Y Cornellá, dónde comenzó a disputar sus primeros partidos en un club de baloncesto. Uno de los grandes, el Barcelona, se fijó en él. Y entró a formar parte de ese selecto club de jóvenes que pueden soñar con una carrera profesional en el deporte que tanto les gusta. Algo que la mayoría sólo puede hacer en su consola u ordenador.
Hace tan sólo ocho años que Barcelona se le quedó pequeña. Explotó en el año 2001, llevándose los dos títulos más importantes que se disputan en nuestro país (Liga ACB y Copa del Rey), adornados con premios a su actuación individual. Semanas después, España entera se le quedó pequeña cuando la NBA llamó a su puerta. Se convirtió en el segundo jugador español en dar el salto a la mejor liga del mundo.
Aterrizó en Memphis, en un equipo recién llegado a la ciudad – los Grizzlies – que nunca habían conseguido luchar por el título de campeones. Y no tardó mucho en quedarse pequeño para él. Fue elegido novato del año y firmó un contrato de estrella cuando terminó su primer acuerdo. Llevó a Memphis a aparecer por primera vez, y por tres años consecutivos, en las eliminatorias de final de temporada. No ganó ningún partido en ellas, pero quedó bien claro que era un gran jugador encerrado en un equipo muy pequeño. Hasta que la suerte le volvió a sonreír.
Porque a mitad de la pasada temporada un sorprendente acuerdo entre Lakers y Grizzlies le lleva a Los Angeles, a jugar en el hermano rico de esa ciudad. Un equipo cuyo objetivo era el título y que acababa de perder a una de sus estrellas por lesión. Él fue el encargado de retomar el rumbo del éxito. La apuesta fue un acierto, y el equipo se plantó en las finales de la NBA. Sólo faltaron dos partidos para cumplir el sueño. Pero era cuestión de tiempo.
Porque esta noche Pau Gasol ya ha conseguido lo que tanto tiempo ha buscado: el anillo de campeón de la NBA. El título que todo jugador de baloncesto quiere tener en su currículum. Lo máximo, probablemente, junto a los Juegos Olímpicos. Con la dificultad añadida de hacerte un hueco en la mejor liga del mundo. Además, él ya tiene un mundial a sus espaldas, y el reconocimiento de haber llevado a España a luchar de tú a tú contra la todopoderosa Estados Unidos en la final de las pasadas Olimpiadas.
Así que uno sólo puede preguntarse cuál será el siguiente reto del que, sin duda alguna, es ya el mejor jugador de baloncesto español de todos los tiempos. No le quedan muchos. Pero sea cual sea el que aparezca en su objetivo, caerá antes o después. Como han caído antes todas las metas que se ha marcado.
Los demás, mientras tanto, disfrutaremos de sus éxitos. Y de la oportunidad de verlos en televisión, aunque sea a altas horas de la madrugada.
Y me alegro de haber podido verlo en directo.
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¡No hay madrugada ni hay sueño a pesar de haber estado hasta las 5 de la mañana viendo a Pau coronarse!
También servidor se alegra de haberlo visto en directo en la nocturnidad de hace unas horas. Y más me alegro de que usted estuviera pendiente de ello, como tantos de nosotros.
¡Y ahora Pau, descansa lo que puedas y pon rumbo a Polonia a buscar lo que te falta!