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El “efecto Pepe”.

¡Ah..! Qué admirable es la nobleza en el deporte. El espíritu competitivo entendido en su más sana expresión. Dos contrincantes enfrentados por un objetivo común, la victoria, sabiendo que enfrente tienen un rival y no un enemigo. Es lo que hace grande esta afición y a la gente que la practica. ¿Hay algo mejor que contemplar una batalla intensa, pero llena de limpieza?

Sí. Yo prefiero, hablando técnicamente, una buena somanta de hostias. Por eso siempre he sido muy del hockey sobre hielo.

Llevo visto este vídeo al menos diez veces y todavía no he sido capaz de contar los puñetazos que se regalan amistosamente. Impresionante.

Si los americanos viesen la agresión de Pepe, el futbolista del Real Madrid, a Casquero, jugador del Getafe, pensarían que no es para tanto. Al fin y al cabo, en cualquier partido de la NHL (National Hockey League) hay veinticinco acciones como esta y nadie se echa las manos a la cabeza. Y si suben las manos es para celebrarlo. ¡Viva el fair play!

¡Bang! Hasta yo me he levantado de la silla tras el puño definitivo. ¡U – S – A!

Aquí somos de mucho ladrar y poco morder. El mundo futbolístico europeo está escandalizado con la actuación de Didier Drogba anoche, tras la eliminación del Chelsea a manos del Barcelona en las semifinales de la Champions League. El jugador francés fue a recriminar al árbitro su actuación al finalizar el partido. Hay que decir que hubo varios penaltis no pitados en contra de los azulgrana… y eso no le hizo ninguna gracia al chico.

Tipo inteligente… Drogba sabe bien una cosa: nunca debes intentar zurrar a un árbitro. Jamás.

Y si lo haces, atente a las consecuencias.

Porque la violencia, señores, no es exclusiva del hockey. Ni siquiera del fútbol, algo que mi señor abuelo, sabio pero poco aficionado a él, calificaba como el “antideporte” porque estaban todo el partido lanzándose patadas unos a otros. Él opinaba que el baloncesto o la natación eran una opción mejor, ya que además de contener menos violencia hacen ejercitarse todo el cuerpo.

Pero el “efecto Pepe” no había pasado ante sus ojos. Esto ocurrió hace dos días en un partido de la NBA.

Pues eso, que como decía al principio…

¡Ah..! Qué admirable es la nobleza en el deporte. El espíritu competitivo entendido en su más sana expresión. Dos contrincantes enfrentados por un objetivo común, la victoria, sabiendo que enfrente tienen un rival y no un enemigo. Es lo que hace grande esta afición y a la gente que la practica. ¿Hay algo mejor que contemplar una batalla intensa, pero llena de limpieza?

Vaya par de nenazas…

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