El funambulista.

¡Con ustedes… el hombre más valiente del mundo!

La marea humana parecía no tener final y respondía entregada al anuncio del animador. ¿Cuánta gente habría allí?

Seguramente ninguno de ellos había caminado nunca por la cuerda floja. Y por eso estaban allí, admirando desde el suelo a aquel que se atreve a caminar por encima de los demás. Muchos darían cualquier cosa por tener la oportunidad de probarlo tan sólo una vez si les aseguran que iban a llegar al otro lado sin un rasguño. Numerosas vidas rutinarias, historias de alturas corrientes, se habían dado cita aquella noche para admirar su atrevimiento.

A él, en realidad, le daba exactamente igual.


Siempre hay una primera vez para todo. Desde la cosa más sencilla hasta lo más complicado: todo necesita práctica. Comenzó caminando por una tabla apenas levantada unos centímetros del suelo cuando era pequeño. Los moratones, los dientes partidos y las regañinas maternas se convirtieron en algo demasiado habitual. Pero de alguna manera, aquel era el comienzo de una vida diferente.

Hay muchos locos por el mundo. De entre ellos, algunos han acabado siendo funambulistas. Siempre es bueno saber aprovechar tus defectos, y resulta curioso ganarte la vida a partir de tu propia inconsciencia. Las tablas quedaron atrás para dar paso a las cuerdas, el suelo cada vez se veía más lejano y el comodín de la red ha quedado para los principiantes en este mundillo.

La primera vez que lo consigues sientes tener el mundo bajo tus pies. Te sientes, simplemente, feliz. Lo mejor que te puede pasar en la vida.

Dio un paso al frente, se asomó al borde del edificio y se subió a la soga. Todo en orden.


Un paso. Otro paso. Otro más. Aunque parezca mentira, es todo bastante mecánico.

Pregúntale a cualquier persona qué tiene de especial su vida. Según el entusiasmo de su respuesta podrás saber cuánto tiempo llevan recorriendo su rutina habitual. Las novedades siempre causan ilusión, y el tiempo se ocupa de ir poco a poco llevándose el brillo de las cosas hasta que un día ya no relucen en absoluto. Pregúntaselo al funambulista, y te dirá que no entiende por qué miles de personas se reúnen para verle trabajar.

Sí, es el mejor desde hace tiempo. Hace cosas con las que otros no pueden ni soñar. Sin red, sin fallos. Sin temor. Sin preguntarse qué pasará el día que le falle el equilibrio en un camino que no admite ningún traspiés.

Porque en el fondo le da lo mismo.

Y no hay vez que recorra la cuerda sin maldecir el día en que perdió el miedo y se convirtió en “el hombre más valiente del mundo”. La gente le admira y pagaría millones por ser así. Sin embargo, él prefería ser, simplemente, feliz.

4 Respuestas a El funambulista.

  1. No he podido evitar relacionar lo de que todo necesita práctica con el partido del domingo.

    A parte de eso, y como siempre, tremendo post.

    Ahora me doy cuenta de que eres un funambulista, a ver si realmente consigues ser feliz

  2. Lo que tiene que hacer es bajarse de la cuerda e irse al cine, a entretenerse un rato.

    Elia, la increíble mujer indirecta.

    xD

  3. “Hace cosas con las que no otros no pueden ni soñar.”

    Relee los posts cuando los publiques ;)

    Imagino , pues, que el secreto de la vida es no dejar de aprender cosas nuevas para ser feliz?

  4. Los leo dos veces antes de publicarlos, pero cada vez que los repaso cambio algo… Y así me pasan estas cosas.

    Gracias!

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