Cuando vuelva te voy a contar una cosa que me ha pasado para que te descojones.
(Mantendremos al autor en el anonimato para que Rafael Alonso no se enfade).
Advertencia: si pulsas el play, es bajo tu responsabilidad. No quiero juicios por pérdidas de facultades mentales.
Los responsables de que los Beatles se convirtieran en rumba fueron Los Manolos. Y los culpables de que la rumba cometiera este crimen son un grupo aragonés llamados Los Gandules. Una formación que tiene tres discos en el “mercado” (porque a saber dónde se pueden encontrar): Sillonbol Stars, Sillonbol Kings y Sillonbol Heroes. Lo de trabajar nunca ha sido su estilo, se conoce.
Pero más allá de la anécdota rebuscada, estos títulos representan perfectamente cómo somos los españoles ante el deporte. ¿Cuántas tertulias de oficina pierden fuelle según avanza la semana porque ya se acaban las conversaciones sobre la última jornada de liga? ¿Cuánto dinero ganará el Estado con el juego de la Quiniela cada año? ¿Cuántos seleccionadores nacionales de fútbol hay en España? Uno oficial, sí, pero millones por la calle. A poco que levantas una piedra…
Pero ahí estamos, ahí estamos. Reventando audímetros cada vez que retransmiten un partido de fútbol por televisión. O dominando el último deporte “alternativo” en el que España ha triunfado como si fuésemos expertos en la materia de toda la vida: desde baloncesto a voley-playa, pasando por balonmano, waterpolo o ajedrez si hace falta. Que nadie diga que no somos verdaderos aficionados.
Ahora, eso sí, de pisar una cancha ni hablar. El mando a distancia y la lata de cerveza son nuestros mejores amigos para esas horas de meditación frente a la pantalla. Y cada tarde de domingo, millones de barrigas hacen la ola de arriba a abajo mientras sus dueños dan brincos cagándose en todo lo cagable porque el delantero de turno no ha sido capaz de llegar a un balón “que estaba chupado, joder“. Pero no han dado una patada a uno en los últimos veinte años.
Pero que el deporte nacional (que es el sillonbol, por si alguien no se había dado cuenta todavía), sea cómodo y requiera poco esfuerzo físico no significa que esté exento de peligros. Porque hay tanta tensión en esta santísima actividad que las bolas acaban subiendo donde no deben. Las del gemelo, aclaro, por si acaso. Los lunes por la tarde la población de cojos en nuestro país aumenta de forma exponencial. Está científicamente comprobado.
Y como servidor ha sido víctima de esa plaga en más de una ocasión (y sin deporte de por medio, simplemente disfrutando del dulce arte de contemplar techambres en una tarde ociosa), dedica este post al último caído en este combate sin final contra los sillones asesinos. Aunque no haya bolas descolocadas sino músculos desgarrados y el baloncesto ocupe el lugar del fútbol. En el fondo es lo mismo.
La canción, obviamente, no estaba elegida inocentemente. Se llama “Batman, Robin”. Hay cosas sobre tu querido superhéroe que nunca te dijeron…
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Se me saltan las lágrimas
Pasame esa canción para el top freak de mi programa de radio porfa!